23 Jun 2016

Bienestar docente, clima emocional y aprendizaje

Por Andrea von Schultzendorff, Profesora de Enseñanza Básica y Magíster en Neurociencias aplicadas a la Educación.

 

Se sabe que el clima emocional positivo favorece el aprendizaje. Más aun, se trata de la variable que mayor influencia ejerce en el rendimiento escolar, según consta en dos grandes Estudios Regionales Comparativos y Explicativos (PERCE, 1997 y SERCE, 2006) con datos de 14 países de Latinoamérica.

 

Pero  “¿Cómo se le puede pedir a un profesor, que trabaja en condiciones laborales deplorables y con altas demandas, que sea positivo?”, preguntó un participante en el último congreso de educación CIIE 2014. Se trata, sin duda, de una buena pregunta.

 

Beatrice Ávalos, Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2013, indica que la sobrecarga de actividades provoca en los profesores una creciente sensación de perder el control sobre su tiempo. La tensión constante los desgasta y suelen aparecer algunos síntomas asociados al estrés, como: irritabilidad, daños en su salud mental, mal dormir y un progresivo cansancio. Efectivamente, las condiciones laborales en Chile son incluso más complejas que las de otros países de Latinoamérica y nos encontramos con que un elevado porcentaje de los docentes se encuentra realizando su labor en malas condiciones de salud física y mental. El ausentismo por licencias médicas quebranta la regularidad del sistema, debilita los vínculos con los alumnos y sobrecarga a los otros docentes. Todo esto afecta negativamente el clima del aula y, por tanto, el aprendizaje de los estudiantes.

 

Al parecer, las condiciones laborales del docente no van a sufrir mejoras significativas por el momento, sin embargo, aun así es posible que el profesor sea positivo. ¿Cómo puede serlo? Aprendiendo estrategias de autocuidado sencillas de aplicar, pero poderosas. Ahí radica el desafío: entregar a los profesionales de la educación herramientas para gestionar su propio bienestar y mantener el optimismo. Con ese fin se desarrolló un taller cognitivo experiencial que se inspira en la promoción del bienestar docente a través de la autogestión. La intervención se basa en las evidencias experimentales de la Psicología Positiva y las Neurociencias, lo que aporta la solidez a su estructura.

 

La Psicología Positiva es el estudio científico del funcionamiento humano óptimo (Seligman, 1999). Su objetivo es generar un cambio de enfoque de la Psicología tradicional desde la preocupación centrada en los trastornos y el mal funcionamiento a la construcción de cualidades y el potenciamiento de las fortalezas.

 

Las personas pueden aprender a gestionar sus emociones positivas (la felicidad, el disfrute intrínseco, el placer), formas efectivas de afrontamiento, la resiliencia, la autenticidad en las relaciones sociales, el flow (experiencias sumamente disfrutadas), el optimismo, la autoeficacia, la autodeterminación y el involucramiento (Salanova y Schaufeli, 2004).

 

Si somos capaces de instalar, llevar a la práctica y mantener experiencias positivas, se puede favorecer repertorios adaptativos y un mejor funcionamiento general. Al tener una predisposición positiva se logra incluso hacer cambios a nivel cerebral, liberando hormonas que son responsables del estado de ánimo, el placer, la motivación y la forma en que se interactúa con el mundo. Las emociones positivas ayudan a construir recursos personales que llevan a una mayor satisfacción y bienestar (Fredrickson, 1998).

 

El profesional debe reconocer el valor del autocuidado y otorgarse espacios que le permitan recuperar su energía y motivación, para así enfrentar la labor con los alumnos de la mejor forma.

 

¡Si queremos tener mejores resultados en educación, debemos cuidar a nuestros profesores!

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